sábado, 19 de febrero de 2011

TERAPIAS BIOLÓGICAS (6)

Fui un cobarde de verdad, debía de haberme sometido a las terapias biológicas cuando me lo propuso la reumatóloga, debía de haber dejado de un lado el miedo y haber tirado para adelante, no lo hice y perdí un tiempo precioso, me podía haber ahorrado algunos meses de dolores y no seguir con la medicación que tenía prescrita sabiendo que ya no me era efectiva. Me podía haber evitado la depresión respiratoria (respiración lenta o con insuficiente fuerza, de tal forma que no puede proporcionar una ventilación y perfusión adecuada de los pulmones) que sufrí una noche al abusar de la toma de analgésicos y relajantes musculares. Me asusté mucho al despertarme de madrugada y sentir como no podía respirar, como tenía mucho jadeo,  y como me costó mucho poder levantarme de la cama y llegar al teléfono para llamar de urgencia al Centro de Salud.
La ambulancia con el médico (tuve suerte esa noche estaba de guardia mi médico de cabecera) y la ATS vinieron rápidamente y me inyectaron Urbason (dentro de otras indicaciones sirve para el asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica EPOC), estuvieron un rato haciéndome compañía hasta que la respiración se normalizó. Todo se había quedado en un susto. Al tener tanto dolor se me había ido la mano con las pastillas, y los pulmones se habían relajado mucho en su movimiento normal de la respiración.
Los medicamentos biológicos siempre estaban rondandome la cabeza, dudas... por no habérmelos puesto. Aguantaba como podía los dolores, y comprobaba como la enfermedad iba avanzando.
Entre unas y otras revisiones hubo  un cambio de reumatóloga, llegó a la consulta una nueva especialista. Cuando me tocó la nueva revisión me encontré con la recien llegada. Hablamos durante varios minutos de mi situación y una vez que revisó mi historial clínico, me comunicó una buena noticia. Contaban en el hospital con un nuevo biológico, su administración era mediante inyección subcutánea, no tenía que estar ingresado durante algunas horas como ocurría con el anterior (Remicade), y estaba dando los mismos resultados satisfactorios.
Este biológico era más cómodo al poder ser administrado en el domicilio del paciente, previa receta médica y adquisición en la farmacia del hospital. Se llamaba como nombre comercial Humira y el principio activo era adalimumab, un anti TNF anticuerpo monoclonal.
Esta vez iba a dejar de lado el miedo. Le dije a la nueva reumatóloga que estaba de acuerdo en empezar el tratamiento con el biológico, que ya había llegado a un límite, que me arriesgaba a cualquier cosa, ya no salía de su consulta sin llevarme un poco de esperanza, que pasara lo que pasara iba a dar ese paso hacia adelante.

lunes, 14 de febrero de 2011

TERAPIAS BIOLÓGICAS (5)

La noticia que llevaba esperando se hizo realidad. Al llegar al hospital para la rutinaria revisión, la reumatóloga me dijo que ya contaban en el hospital con un tratamiento biológico,  era Remicade, pasó a explicarme detalladamente de que se trataba y su forma de administración. Realmente en cuanto a las caracteristicas del medicamento no fue muy completa la información, es comprensible hasta cierto punto dado el poco tiempo que tenemos los pacientes en la consulta médica. Por supuesto en cuanto a la vía de administración fue un poco más extensa. Debía firmar un consentimiento informado antes de que me inyectaran el producto. La administración era intravenosa y tenía que estar en observación durante algún tiempo para estar vigilado ante alguna reacción adversa. Volviendo al medicamento no me informaron de lo que es el producto y cómo actua en el organismo, la función que realiza y todos los posibles efectos adversos que puede conllevar al introducirlo en el organismo a través del torrente sanguíneo.
Si aceptaba el tratamiento tenía que tener en cuenta que asumía todos los riesgos derivados, era una terapia poco conocida y estaba aún en una fase experimental. Había pasado como era natural todos los controles sanitarios para aplicarla a los enfermos, pero quedaba comprobar como funcionaba a largo plazo en las patologías para las que había sido creado en principio.
Mientras me inyectaban el biológico estaría controlado por un médico y una enfermera. Antes de la aplicación tenía que hacerme una radiografía de torax para ver los pulmones, y la prueba de Mantoux para descartar que tuviese tuberculosis o hubiese estado en contacto con el virus y hubiese desarrollado anticuerpos aunque no la enfermedad en sí. 
Hacía poco tiempo que había fallecido mi madre, no estaba psicológicamente fuerte y me daba mucho miedo empezar un tratamiento que resultaba un poco desconocido, no me atrevía a meterme ese producto en vena, pensaba que si tenía reacciones adversas no me atrevería con ellas.
Le dije a la reumatóloga que sentía haber pedido el tratamiento y ahora me negaba a ponermelo. Me dijo que en parte me comprendía, y a pesar de que me aconsejaba tratarme la decisión era sólo mía.
Me volvió a mandar los mismos medicamentos y que lo pensara tranquilamente, pero que era la única opción que tenía para frenar la enfermedad y mitigar los dolores.
Me dió cita para una nueva revisión.